Jorge Barbi: El Paseador y el Olvido
Por María de Jesús Sarubbi
Si hay alguien que refleja el arte de lo cotidiano es Jorge Barbi en su exposición. Quien hubiera dicho que en un montón de chicles pegados por unos niños a través de los meses en una pared, o en un árbol lleno de botellas de plástico o en excrementos de gaviotas habría obras de arte? Este artista así lo cree y nos lo muestra en una serie de fotografías agrupadas en función al origen de esos objetos: el azar, la necesidad o el placer. Pequeños universos unidos por una vía láctea: su don de mirar desde otra perspectiva. Donde un común mortal ve un espantapájaros, allí esta Barbi retratándolo como algo bello, algo que merece ser eternizado por su lente. Son cosas banales, diarias, y quizás por eso dejamos de observarlas. El artista las hace renacer, las rescata y las reutiliza dándoles un nuevo significado. Y nos invita a dejar de lado nuestra mirada experimentada al mostrarnos objetos que no sabemos bien que son o para que sirven…Objetos que parecen una cosa, pero en realidad son otra. Juega con las huellas que deja la naturaleza, el azar y la mano del hombre en las cosas. Estas huellas que hacen cambiar la apariencia, pero no la esencia…aunque se nos aparezcan como formas humanas, los excrementos de gaviota siguen siendo estiércol.
La serie “Señales de Humo” expone una serie de objetos que el artista ha ido encontrando en sus paseos por la costa. En ellos también se deja ver el estigma de la naturaleza y como esta transforma los elementos que aparecen alineados y fríos como en una morgue de fondo negro. Sin embargo, esos objetos tienen una potencia infinita: aun no han sido utilizados en sus creaciones…están a la espera de que la suerte (de la mano de Barbi) los llame a formar parte de una obra de arte. Aunque por ahora pertenezcan solo a una especie de catalogo.
En el extremo conceptual opuesto se encuentra “Paso
Previo”, una serie que intenta recopilar según el propio autor “meros objetos
que están antes de la obra de arte, no hay ninguna otra intencionalidad”. Sin
embargo, pareciera ser un grito contra el paso del tiempo y el olvido. Como si
Barbi tuviera miedo de que el espectador piense que la obra se genera en un
segundo o un día, y que no llevara estudio o trabajo previo. Igual que su fotografía
donde muestra obras propias que ha guardado, proyectos que han quedado
truncados pero que no quieren ser olvidados en este tiempo donde todo pasa
rápido, donde constantemente hay que generar cosas nuevas y descartar las
viejas.
El paseo y el reciclaje como método de búsqueda
artística, objetos, objetos y mas objetos….Viejos, desgastados por el tiempo,
el mar, el uso. Objetos perdidos, olvidados, arrojados a la nada. Barbi los
encuentra y los retrata, invitándonos a adentrarnos en ellos y cavilar que
universo los habrá rodeado, que personas los habrán utilizado, por cuantas
manos habrán pasado, de que otras cosas más grandes e importantes habrán
formado parte. Como reza un poema de Borges:
¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.
La pregunta que queda flotando es: Barbi hace
esclavos a los objetos, o es más bien un esclavo de ellos, aferrándose a los
elementos que resisten el embate de Cronos y de la naturaleza para intentar a
través de ellos que su propio tiempo no pase? láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.
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