miércoles, 2 de octubre de 2013

DE UR A NUEVA YORK



Crítica de la exposición de José Ramón Amondarain por Natalia Platard de Quenin

Hace unos días tuve la oportunidad de ver la exposición de José Ramón Amondarain, en la Galería Max Estrella. De la muestra principalmente se desprende frescura, donde el artista ha conseguido reinventar su temática. Experto en apropiarse de la creación de otros, para posteriormente reconstruir su lenguaje, ha sabido ver llegar el momento propicio para un cambio y así, darnos a conocer a un nuevo protagonista. Su obra dedicada al Guernica, inspirada en las fotografías de Dora Maar, parece haber marcado el punto final de una etapa. La acción principal ha pasado de la obra al artista. En Amar Gana nos encontramos con un homenaje al trabajo del artista contemporáneo. Una estética minimalista, que choca con la complejidad de formas, donde elementos tridimensionales van a provocar la confusión entre pintura y escultura. Diferentes tonalidades de blanco van a servir para marcar el relato de una profesión.

Un conjunto de fotografías son el recibimiento. Cada una es una cocha o caracola, con el nombre de un artista debajo. Nos encontramos ante una forma diferente de retrato. Si nos fijamos, la agujereada concha de Lucio Fontana, está evocando a su concepción espacial; o la caracola de Delaunay, donde colores pastel y formas circulares están transmitiendo esa sensación de movimiento. Así, jugando con el género fotográfico, Amondarain nos presenta una forma de retrato abstracto. Un retrato que no pretende mostrar los atributos físicos, efecto que paradójicamente consigue la fotografía a la perfección. Lo que se pretende es mostrar el alma del trabajo del artista. Si la Neue Sachlichkeit quería revelar la personalidad del retratado a través de lo visible, Amondarain abstrae aquellos elementos que considera esenciales para conocer al “artista obrero”, y los presenta de manera abstracta, reflejados en un objeto externo, que haría las veces de espejo. Una vez introducido el artista, podemos pasar a contemplar su alma artesana más de cerca, en un retrato que pretende ser universal.

La textura de los elementos de trabajo es central, es aquello que va a ser manipulado para dar paso a la creación. Óleo, yeso, acrílico, plástico… materiales que tendrán que pasar por un proceso de transformación, para convertirse en la obra de arte. Un juego de adulteración que vemos representado en varias de las obras expuestas. Acompañadas están por la mejor imagen del trabajo artesano, que no es otra que la vasija en un pedestal, sobre el que se habría derramado su contenido.  Oficio y objetos que nos vienen de la Antigüedad, al igual que la imaginación, presente siempre en el proceso de elaboración. A la derecha tendríamos la representación de esa creatividad. Un conjunto de cuadros esculpidos en blanco, que recuerda a la impronta que dejaban los sellos cilíndricos. Nos están narrando el proceso de creación, esa mezcla imprescindible de raciocinio planificado e improvisación dadaísta. Así, Willem de Kooning es a Knew Oil Modeling, o Andy Warhol es a Hold Any War. Juegos de palabras con las herramientas que el artista tiene a mano, sin pretender dar un significado, más que el de un subconsciente en movimiento.

El proceso creativo tiene un punto de culminación y, quizás por ello, tenemos un marco con calaveras sobresalientes o un candado atado a un pedestal, también de calaveras. Es el fin del objeto modificado, la tarea habría concluido. Ahora hay que preguntarse cuál será el destino de la pieza nueva. El punto último de llegada sería el museo, aunque si nos fijamos en la trayectoria de Amondarain, sería a su vez el punto de partida. Una nueva etapa ha comenzado. Con Amar es Ganar, Amondarain nos está presentando la bienvenida del artista a su taller.

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