NO MIRÉIS,VER
Por Yaiza González López
"Mi
silencio les estorba. Yo era como botella al revés cuya agua no puede salir
porque la botella está demasiado llena". León Tolstoi, botella que es
presionada por el agua, botella que va a
estallar porque no puede contener tanta vida, botella que es José Ramón Amondarain. El agua del recipiente
es el arte que nos transmite y que nos
hace ver en uno de sus últimos trabajos,
Amar Gana, encontrado dentro del espacio estático de la galería Estrella Max,
no obstante, espacio no silencioso, ya
que el agua de la misma botella ha sido derramada contra el suelo produciendo lo que
denominaríamos como un océano donde encontramos la pintura, el objetivo y las
manos modeladoras del artista.
Dentro de su obra vemos enmarcado el
objetivo puesto en los ojos de Amondarain quien compara diversos moluscos,
seres inertes que forman parte del mismo océano nombrado, puestos a ojos del
mismo no como seres sin vida sino como
totalmente todo lo opuesto, no ve un mejillón sino al mismo Kiefer barbado, no
ve a una caracola con diversa policromía sino que ve la policromía de las obras
de Sonia Delaunay, no ve la caracola marcada de intensos puntos rojos sino el mismo color intenso de "Armonía en
rojo " a manos de Matisse, incluso el tan
idealizado automóvil de vanguardias comparable e incluso superable a la misma Victoria de Samotracia, cuya
imagen es visible en la obra de Lichtenstein
Racing version of BMW
, punteado
con pigmentos tan llamativos como ocurre con el molusco denotado por los mismos
puntos. Pasando por una primeriza visión
de su mirada en base a las misma fotografías encontramos una captura de Madrid, concretizando en el mismo
Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía, no obstante, no se puede divisar la
pinacoteca ya que en su mismo lugar se
encuentra una masa pictórica, destapando otra de las relaciones a ojos del
autor, de tal forma que el mismo museo es dicha masa, ya que su interior alberga pintura en sí,
produciéndose una escultorización de la pintura, como ocurrirá con la petrificación de la escultura en su obra
contigua, siendo un gran lienzo que recoge lo que parece ser una escultura
desintegrándose, fulminándose como cual cera derretida a ojos de Ícaro. Bloque
de resina como yacimiento traspasado a pintura escavado en los ojos del arqueólogo,
marcando en la pintura un relieve hueco, correspondiéndose la fluidez entre artes como las obras nombradas.
Poco a poco el ojo del espectador se
abre a la par que el propio oculus de
Amondarain, confluyendo sus obras como espejos donde los anagramas toman
sentido en sí, no queriendo entender la propia palabra de DORA AMOR como puro
azar del mismo nombre de DORA MAAR, sino extraer de las mismas palabras lo que
yo he querido retractar y lo que yo mismo he hecho, centrándose en el yo eterno
que quedará de cada uno de los artistas nombrados, cada arte que hace que
digamos Andy Warhol en vez de "mantener la guerra" ya que la misma
guerra nos separaría de lo explicado a través de la cita de Jorge Semprún
"viviré con su nombre, morirá con el mío".
Nuestros ojos acoplados contemplan un
recipiente negro,vacío, sin embargo, la mirada "Amondarienana" es
capaz de ver y establecer sin que nada hubiese dentro, lo que el mismo consume,
negro relacionado con la mirada hacia la vida encadenada a la muerte, muerte
como lienzo donde "nos enseñaron a buscar la verdad, la bondad y la belleza" no correspondiéndose con el mundo rápido y borroso
que nos deja el rostro del espejo, al que nos miramos pero no nos vemos.
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