martes, 1 de octubre de 2013


NO MIRÉIS,VER
Por Yaiza González López
"Mi silencio les estorba. Yo era como botella al revés cuya agua no puede salir porque la botella está demasiado llena". León Tolstoi, botella que es presionada por el agua,  botella que va a estallar porque no puede contener tanta vida, botella que es  José Ramón Amondarain. El agua del recipiente es el arte que nos transmite y que  nos hace ver  en uno de sus últimos trabajos, Amar Gana, encontrado dentro del espacio estático de la galería Estrella Max, no obstante, espacio  no silencioso, ya que el agua de la misma botella ha sido derramada  contra el suelo produciendo lo que denominaríamos como un océano donde encontramos la pintura, el objetivo y las manos modeladoras del  artista.

Dentro de su obra vemos enmarcado el objetivo puesto en los ojos de Amondarain quien compara diversos moluscos, seres inertes que forman parte del mismo océano nombrado, puestos a ojos del mismo no como  seres sin vida sino como totalmente todo lo opuesto, no ve un mejillón sino al mismo Kiefer barbado, no ve a una caracola con diversa policromía sino que ve la policromía de las obras de Sonia Delaunay, no ve la caracola marcada de intensos puntos rojos sino  el mismo color intenso de "Armonía en rojo " a manos de Matisse, incluso el tan  idealizado automóvil de vanguardias comparable e incluso superable  a la misma Victoria de Samotracia, cuya imagen es visible en la obra de Lichtenstein Racing version of BMW , punteado con pigmentos tan llamativos como ocurre con el molusco denotado por los mismos puntos.  Pasando por una primeriza visión de su mirada en base a las misma fotografías encontramos una  captura de Madrid, concretizando en el mismo Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía, no obstante, no se puede divisar la pinacoteca  ya que en su mismo lugar se encuentra una masa pictórica, destapando otra de las relaciones a ojos del autor, de tal forma que el mismo museo es dicha masa, ya que  su interior alberga pintura en sí, produciéndose una escultorización de la pintura, como ocurrirá con la  petrificación de la escultura en su obra contigua, siendo un gran lienzo que recoge lo que parece ser una escultura desintegrándose, fulminándose como cual cera derretida a ojos de Ícaro. Bloque de resina como yacimiento  traspasado  a pintura escavado en los ojos del arqueólogo, marcando en la pintura un relieve hueco, correspondiéndose la fluidez entre  artes como  las obras nombradas.

Poco a poco el ojo del espectador se abre a la par que el propio oculus  de Amondarain, confluyendo sus obras como espejos donde los anagramas toman sentido en sí, no queriendo entender la propia palabra de DORA AMOR como puro azar del mismo nombre de DORA MAAR, sino extraer de las mismas palabras lo que yo he querido retractar y lo que yo mismo he hecho, centrándose en el yo eterno que quedará de cada uno de los artistas nombrados, cada arte que hace que digamos Andy Warhol en vez de "mantener la guerra" ya que la misma guerra nos separaría de lo explicado a través de la cita de Jorge Semprún "viviré con su nombre, morirá con el mío".

Nuestros ojos acoplados contemplan un recipiente negro,vacío, sin embargo, la mirada "Amondarienana" es capaz de ver y establecer sin que nada hubiese dentro, lo que el mismo consume, negro relacionado con la mirada hacia la vida encadenada a la muerte, muerte como lienzo donde "nos enseñaron a buscar la verdad, la bondad y la belleza" no correspondiéndose con el mundo rápido y borroso que nos deja el rostro del espejo, al que nos miramos pero no nos vemos.

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