Sofía Abelaira Barrera Orosa.
José Ramón Amondarain expone en la galería Max Estrella sus
últimas obras, en una exposición pequeña titulada “Amar gana”. Amondarain nos
presenta una obra no muy extensa pero con mucho contenido. Su exposición es
representada en pintura, pasando por la fotografía y terminando en la
escultura. Es una exposición acogedora. Provoca una sensación parecida a tener
una sala de obras en tu casa a las que podrías pasar horas observando. Este
autor nos reta con pinturas algo siniestras, con fotografías que invitan a la
reflexión y con esculturas diferentes que nos obligan a pensar.
Nada más entrar a la exposición nos encontramos en un
pasillo blanco, acogedor, en el cual se encuentran una seria de fotografías. Son
una serie de crustaceos en las que a los pies de las fotos encontramos una
series de nombres, nombres que todos conocemos bien. Nombres tan importantes
como el de Liechtenstein, que es convertido a una caracola blanca o crema con
puntos marrones. También encontramos importantes pintores como Matisse, pintor
francés, que es convertido en una caracola blanca llena de motitas rojas en la
cual podemos ver una comparación de sus obras con la caracola, como la caracola
resalta por sus motas rojas, al igual que Matisse resaltaba por sus pinturas de
vivos colores. Igual que con Matisse y Liechtenstein muchos otros personajes
son convertidos en forma de concha e interpretados por Amondarain, así como M.
Dumas o Marden.
Continuamos andando por el pasillo y entramos a una sala
rectangular en la que encontramos en el centro de la pared blanca un cuadro
grande, siniestro pero enormemente llamativo. Es una pintura, parece estar en
3D, sinceramente es maravillosa, podemos ver como se levantan las imágenes en
el cuadro y cuanto más nos acercamos a él más en relieve están, pero si nos
colocamos justo de canto al cuadro, podemos ver que está pintado perfectamente
liso en el lienzo. El cuadro es libre para cada entender, es decir cada persona
puede interpretar una cosa. Personalmente lo que me aparece a mi es una serie
de calaveras volando y dejando a su paso una rastro como si se estuvieran
deslizando en barro, con las mandíbulas abiertas, como si estuvieran gritando,
como si fuera un último aliento. Mirar el cuadro es un viaje al inframundo.
Encontramos a su lado un pedestal en el que se puede ver la imagen del cuadro
grabada en él. Continuamos el recorrido y pasamos a la siguiente y última sala
en la cual encontramos un gran cuadro al final, a los lados unos relieves cuadros
y tres esculturas extravagantes. Los relieves resultan curiosos, con las letras
de los nombres forma palabras completamente diferentes, dentro de los nombres
encuentra un mensaje, por ejemplo “Dora Maar – Dar o Amar”. Las esculturas son
muy distintas entre sí, encontramos encima de un pedestal un candado con una
calavera en él, somos prisioneros de la muerte. Una especie de jarra con un
estampado, y una enorme piedra puesta encima de un mapa de Madrid en
representación del museo Reina Sofía. El cuadro vuelve a ser la representación
de una calavera en 3D, en esta ocasión solo aparece una, parece estar
intentando escapar o más bien parece estar derritiéndose, gritando en su último
aliento, como si le estuvieran comiendo sus últimos momentos de vida, o como si
estuviera intentando escapar del inframundo, según la percepción de cada
persona.
Es una exposición interesante, es muy completa y hogareña.
Fácil de ver y más difícil de entender. Reta a la inteligencia humana, nos
presenta acertijos, es una exposición pequeña, pero lo tiene todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario