jueves, 3 de octubre de 2013

LA MUERTE SE DERRITE.

Sofía Abelaira Barrera Orosa.

José Ramón Amondarain expone en la galería Max Estrella sus últimas obras, en una exposición pequeña titulada “Amar gana”. Amondarain nos presenta una obra no muy extensa pero con mucho contenido. Su exposición es representada en pintura, pasando por la fotografía y terminando en la escultura. Es una exposición acogedora. Provoca una sensación parecida a tener una sala de obras en tu casa a las que podrías pasar horas observando. Este autor nos reta con pinturas algo siniestras, con fotografías que invitan a la reflexión y con esculturas diferentes que nos obligan a pensar.

Nada más entrar a la exposición nos encontramos en un pasillo blanco, acogedor, en el cual se encuentran una seria de fotografías. Son una serie de crustaceos en las que a los pies de las fotos encontramos una series de nombres, nombres que todos conocemos bien. Nombres tan importantes como el de Liechtenstein, que es convertido a una caracola blanca o crema con puntos marrones. También encontramos importantes pintores como Matisse, pintor francés, que es convertido en una caracola blanca llena de motitas rojas en la cual podemos ver una comparación de sus obras con la caracola, como la caracola resalta por sus motas rojas, al igual que Matisse resaltaba por sus pinturas de vivos colores. Igual que con Matisse y Liechtenstein muchos otros personajes son convertidos en forma de concha e interpretados por Amondarain, así como M. Dumas o Marden.

Continuamos andando por el pasillo y entramos a una sala rectangular en la que encontramos en el centro de la pared blanca un cuadro grande, siniestro pero enormemente llamativo. Es una pintura, parece estar en 3D, sinceramente es maravillosa, podemos ver como se levantan las imágenes en el cuadro y cuanto más nos acercamos a él más en relieve están, pero si nos colocamos justo de canto al cuadro, podemos ver que está pintado perfectamente liso en el lienzo. El cuadro es libre para cada entender, es decir cada persona puede interpretar una cosa. Personalmente lo que me aparece a mi es una serie de calaveras volando y dejando a su paso una rastro como si se estuvieran deslizando en barro, con las mandíbulas abiertas, como si estuvieran gritando, como si fuera un último aliento. Mirar el cuadro es un viaje al inframundo. Encontramos a su lado un pedestal en el que se puede ver la imagen del cuadro grabada en él. Continuamos el recorrido y pasamos a la siguiente y última sala en la cual encontramos un gran cuadro al final, a los lados unos relieves cuadros y tres esculturas extravagantes. Los relieves resultan curiosos, con las letras de los nombres forma palabras completamente diferentes, dentro de los nombres encuentra un mensaje, por ejemplo “Dora Maar – Dar o Amar”. Las esculturas son muy distintas entre sí, encontramos encima de un pedestal un candado con una calavera en él, somos prisioneros de la muerte. Una especie de jarra con un estampado, y una enorme piedra puesta encima de un mapa de Madrid en representación del museo Reina Sofía. El cuadro vuelve a ser la representación de una calavera en 3D, en esta ocasión solo aparece una, parece estar intentando escapar o más bien parece estar derritiéndose, gritando en su último aliento, como si le estuvieran comiendo sus últimos momentos de vida, o como si estuviera intentando escapar del inframundo, según la percepción de cada persona.


Es una exposición interesante, es muy completa y hogareña. Fácil de ver y más difícil de entender. Reta a la inteligencia humana, nos presenta acertijos, es una exposición pequeña, pero lo tiene todo.

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