María Maldonado Puig
Simulamos
estar en la orilla de un mar idílico contemplando los diferentes tipos de
conchas, pero sin recogerlas. Las observamos y, en el silencio de la primera
sala de Amondaraín, buscamos las semejanzas entre el tipo de concha del cuadro
y el nombre del personaje que aparece en la parte inferior de este. Como por
ejemplo la concha blanca de Matisse con puntos blancos podrían recordar a su
obra “Armonía en rojo”, o Picasso con su concha blanca con toques
negros, haciendo símil a su etapa cubista en blanco y negro. Por último me
resulta imposible no mencionar a Duchamp debido a su gran influencia en el
arte, y sobre todo al haber introducido el arte como algo que se hace por
voluntad y gusto, no necesariamente teniendo una previa preparación o talento.
También quería añadirlo debido a su 45 aniversario de muerte.
Pasamos
a otra sala. Me acerco a un bloque blanco, el cual tiene una especie de relieve
en la superficie, como si alguien antes de que se quedara sólido el bloque
hubiese estado deslizando el dedo por ahí. Luego observo el cuadro que tengo en
frente. Es semejante pero no exacto al relieve hundido del bloque. Es como si
Amondaraín desde la parte de detrás del cuadro hubiera lanzado un pegote de
pintura y desde ahí deslizara el dedo a placer. En el cuadro podemos apreciar
como parece que se le han caído o lo ha provocado el que cayeran en la obra
unas gotas aleatorias de tonos negros y azul marino.al deslizar el dedo por
detrás del cuadro, la obra desde el lado del espectador queda como líneas
gruesas con la profundidad en los laterales. Visto de lejos podría ser una gota
de agua cayendo o las bacterias alargadas vistas desde un microscopio. Es un
cuadro pintado uniformemente incluyendo alguna pincelada suelta.
El
marco de calaveras en la última sala enmarcando la frase: “We were thaught
to look for Truth, Goodeness and Beauty”, nos muestra que la vida por
placentera que sea se acaba de la misma manera, con la muerte. A la derecha de
la obra avistamos un bloque de piedra el cual en la parte superior tiene un
candado con una calavera blanca y dentro una gris. Es el amor eterno y
verdadero, el amor que una vez encontrado por un hombre y una mujer es
inseparable hasta la muerte. Solo existe un amor así por muchos que haya
tenido, solo uno verdadero.
Ahí
está otra vez, esa calavera gris deforme de pintura. Parece una explosión desde
el interior y debido a ello le da esa forma de calavera. Es una calavera
consumida por la vida. Toda vida se termina y todo se olvida. La pintura es la
manera de recordar las cosas, de recordar a la gente y sus ideas. La pintura,
el arte es lo único imperecedero, lo que va a estar ahí a lo largo de los
siglos. “La cosa más que tener que ver con el tiempo, tendría que ver con el
espacio, con que la cosa es cuando es imagen y el cómo las imágenes transitan a
través de la pintura” José Ramón Amondaraín.
Vista
aérea sobre el Museo Nacional Infanta Sofía con una especie de piedra cuadrada
encima. Hay quien crea que puede representar un meteorito cayendo y haciendo
destruir el museo, y metafóricamente podría representar la extinción del arte
al igual que la extinción de los dinosaurios. Pero más bien creo que es el
pilar en el que están sujetos todos los edificios, y en los cuales se afianza
el arte. El arte que es eterno y perdurará hasta el final de los tiempos.
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