jueves, 3 de octubre de 2013

Una vida bajo la obra

 Andrea Ferruz Tudela


“AMAR-GANA” el título de la última exposición de José Ramón Amondaraín. Una  colección muy variopinta entre todas sus obras, pues podemos ver desde pequeñas esculturas encima de pedestales, pasando por fotografías hasta llegar a pinturas e incluso radiografías.
Pero no sólo esta exposición se caracteriza por los diferentes materiales que la componen, porque lo que más destaca de ella es la rienda suelta que podemos darle a la imaginación contemplando cada una de sus obras, pudiendo sacar mas de un significado a cada una de ellas, y puede que ninguno de esos significados que logremos sacar sean erróneos, pues el mismo Amondaraín reconoce que sus obras poseen esa capacidad portentosa para mirar y ver en dos miradas sobre la misma cosa dos cosas diferentes.
 Esta capacidad de una doble mirada en un mismo objeto lo encontramos a lo largo de todas las obras de esta exposición, pero tal vez, donde sea más fácil apreciarlo es en la serie llamada amar-gana, igual que la exposición, que esta compuesta de doce anagramas fabricados en poliéster en los cuales el donostiarra Amondaraín hace un juego de palabras, utilizando las mismas letras, pero creando nuevas palabras y poniendo unas en positivo y otras en negativo, por ejemplo: dar o amar(positivo)- dora mar(negativo).
 En otra de las series que integran esta exposición en la cual podemos ver reflejado de nuevo esa doble visión sería en la serie de fotografías de conchas y caracolas en las cuales cada una de ella tiene debajo el nombre de un artista, realizando una conexión entre las características visuales de los artistas y de las conchas. Esto lo podemos apreciar por ejemplo en la fotografía de una caracola de fondo blanco y manchas negras geométricas que Amondaraín la a unido a Picasso por el cuadro del Guernica, pues los colores son blancos y negros y las formas también son geométricas, otra de estas fotografías es por ejemplo la concha de Matisse, de fondo blanco y con colores chillones anaranjados recordándole a Amondaraín a los famosos cuadros de Matisse de mujeres desnudas bailando en un corro. A la vez estas fotografías son las representaciones de lo que han supuesto para él estos artistas y lo que le han aportado a lo largo de su recorrido artístico y ha su propia vida, como sabemos que lo hizo Picasso en su día pues el artista le dedico una exposición entera a uno sólo de sus cuadros, el Guernica.

Las obras más impactantes de esta exposición son los dos grandes cuadros, uno de ellos; entretacto, Amondaraín se refiere así a ella:” otra pieza es la que llamo luna (no es ese el título) se trata de una especie de cajón de poliéster, y su parte superior representa una superficie  con pinceladas. Al hacer las fotografías (pruebas) me gusta el hecho de que no se entienda bien lo que es y esa especie de paisaje lunar desolado”.Aunque yo veo a este cuadro como la marca que dejan las conchas a lo largo de miles de años en las piedras, esos fósiles petrificados como marcas de caídas y de fallos que el artista halla tenido a lo largo de su vida y que le hacen ser de esa forma y no de otra.  Y el otro gran cuadro con el título; verdad, bondad y belleza, tal vez sea el que pueda impactar más al espectador pues se ve como cae de forma torrencial por encima de algún objeto una cantidad casi industrial de óleo blanco cubriéndolo todo, como si fuera ese río desbordado que arrasa con todo lo que se encuentre a su paso, pero que a la vez limpia porque sólo permite quedarse a lo más consistente o valioso, como metáfora de cuando fracasamos y al remontar  nos despojamos de las cosas que nos retenían en el pasado.

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